jueves, 31 de marzo de 2016

¿Cómo saber si te has desenamorado?

Cuando por fin encontramos el amor, tarea que no suele ser nada fácil, esperamos con esperanza mantener el mismo entusiasmo para toda la vida. Lo cierto es que si hay amor, también puede tener lugar el DESAMOR.
El desamor da la voz de alarma en el momento en que se empieza a perder el interés por la otra persona. La indiferencia ante la presencia del otro es incluso más preocupante que las discusiones o los conflictos. La falta de ganas de compartir, de hablar, de divertirse y de hacer planes juntos es un grave síntoma de desenamoramiento. Es entonces cuando muere la ilusión ante la llegada de la pareja y se comienza a evitar compartir el tiempo con ella.
Estos sentimientos suelen ir acompañados de una ausencia total de deseo sexual hacia el otro. Éste es uno de los pilares más fuertes de una relación amorosa, y cuando se resiente nos indica que las cosas no andan bien entre los dos.
Las manifestaciones de cariño y el contacto corporal acaban desapareciendo y siendo reemplazados por la disminución de fantasías sexuales, el aburrimiento y la apatía. Tarde o temprano esto provoca la infidelidad por parte de alguno de los dos, ya sea espontánea o premeditada.
Cuando nos desenamoramos, perdemos las ganas de comunicarnos y expresar nuestros sentimientos. Comenzamos a sentirnos extraños ante la presencia del otro y a rechazar cualquier acercamiento íntimo, ya sea físico o psicológico. Como consecuencia, la confianza se rompe y la relación resulta fuertemente dañada.
A pesar de todo, no tiene por qué tratarse de desamor; a veces las circunstancias (problemas familiares, laborales, estrés, etc.) afectan a nuestra vida sentimental. Por ello, lo mejor que podemos hacer ante esta situación es dialogar para aclarar nuestros sentimientos y, si lo consideramos necesario, separarnos por un tiempo para reflexionar.

Sólo de esta forma podremos decidir si merece la pena luchar por la pareja; si no es así, y aunque nos resulte doloroso, lo más sano sería aceptar la realidad y cortar la relación, para lograr mirar con optimismo al futuro e iniciar una nueva etapa sin culpabilidad ni resentimientos.